(Continuación)
Recordemos una viñeta de Quino en la que Mafalda muestra claramente su desconcierto cuando lee en su texto escolar «Susy asa los sesos». En este sinsentido que advierte Mafalda, queda ejemplificado cómo el concepto de lectura que subyace en oraciones como éstas, se aleja rotundamente de una actividad que implica la búsqueda de sentido y la comprensión del lector.
“La enseñanza del lenguaje ocupa buena parte del tiempo disponible en la escuela primaria (…). Sin embargo, en la enseñanza del lenguaje se siguen aplicando enfoques y métodos que ignoran los adelantos registrados en las últimas décadas en el campo de la alfabetización”
La intervención educativa es fundamental en este proceso de alfabetización inicial y en el de alfabetización avanzada. Vale pena precisar estos conceptos. “La alfabetización inicial sienta las bases para la apropiación del sistema de la lengua escrita y las habilidades de lectura y escritura en el primer ciclo de la escolaridad obligatoria. La alfabetización avanzada consolida los conocimientos adquiridos y, al instalar estrategias autogestionarias respecto de lecturas y escrituras diversas, extensas y complejas, previene el analfabetismo por desuso”.
La intervención del docente abarca tanto la selección del material escrito sobre la base de sólidos principios pedagógicos que incluyen el concepto de lectura, de lector, de alfabetización, el concepto de lengua, el de aprendizaje como así también otras tantas concepciones y teorías implícitas además de todas las estrategias didácticas que se diseñan e implementan en el aula para desarrollar la comprensión de lo leído.
El proceso de lectura implica el despliegue de estrategias lectoras para hallar el significado atrapado en la trama textual, y esto requiere de una intervención que ofrezca un espacio entre el lector incipiente y el texto y, además, le genere el deseo de encontrar el sentido de lo que lee.
Las ideas que construimos sobre el tema
En nuestra tarea pedagógica, nos enfrentamos con situaciones y decisiones que debemos tomar respecto de qué enseñar y cómo hacerlo. Vamos construyendo nuestras propias ideas y teorías en torno a ello, y no siempre nuestras teorías se sustentan en verdades o lineamientos científicos.
Resulta enriquecedor preguntarse nuevamente por lo que hacemos y cómo lo hacemos, discutir nuestros criterios con nuestros colegas, para luego ir en la búsqueda de los aportes que pueda brindarnos el avance teórico.
A continuación, le proponemos un ejercicio que podría servir de disparador para repensar las ideas respecto del tema del que nos estamos ocupando, reflexionar sobre la propia práctica, discutir entre colegas, consensuar posturas y buscar información en el caso de que sea necesario.
¿Los alumnos pueden comprender un texto sin que el docente les enseñe estrategias para comprender?
¿El docente tiene que afianzar la comprensión lingüística de sus alumnos con el fin de que éstos comprendan los conceptos o los chicos deben comprender los conceptos para desarrollar la lectura comprensiva?
Para trabajar la comprensión lectora, ¿los textos narrativos son más adecuados que otro tipo de textos?
¿Con la computadora y los videos, los chicos leen menos?
La mejor manera de promover y evaluar la comprensión de un texto es pedirles a los chicos que respondan preguntas o que realicen un dibujo.
¿La competencia lectora se generaliza a todo tipo de texto?
A continuación, le proponemos la resolución de un ejercicio para su posterior análisis. Éste consiste en la lectura de un texto y una serie de preguntas.
Lectura:
“Fut ro yo pedrí el folo en el sulón. Socré un ban velo. El banso estaba cantamente linendo y lo drinó.
Una Tana docia y un Tano docio estaban plinando a mi endidor. Estaban mesando atamente …”
Preguntas:
- ¿Qué pedrió Fut ro?
- ¿En dónde pedrió el folo?
- ¿Quiénes estaban plinando?
- ¿Mesaban atamente o dadamente?.
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Luego de leerlo, observe, en primer lugar, si comprendió el texto, si pudo contestar las preguntas y si el ejercicio de responder las preguntas colaboró en la comprensión.
¿Qué reflexión le merece esta actividad y qué relación puede establecer con los ejercicios de comprensión que se suelen plantear en la escuela?
La selección del material textual debe basarse sobre sólidos principios pedagógicos y estrategias didácticas que permitan al lector incipiente familiarizarse con el texto y que, además, lo incentiven a encontrar el sentido de lo que lee.
Algunas puntas para la tarea en el aula
Si promover y mejorar la comprensión lectora forma parte de la enseñanza y de nuestra tarea como educadores, además de seleccionar textos adecuados para el nivel, también debemos realizar la propuesta de estrategias. Algunas de ellas pueden ser las siguientes:
Es importante activar los conocimientos previos adquiridos en años anteriores, en diferentes áreas o aquellos conocimientos que se alcanzan por medio de las experiencias sociales, fuera del límite de la escuela.
Por ejemplo, si el texto que van a leer los alumnos se refiere a la alimentación, el docente puede dedicar primero unos minutos a presentar el tema o realizar algunas preguntas disparadoras que hagan pensar al alumno, al modo de: ¿Por qué alimentan los alimentos? ¿Qué ocurre cuando ingerimos alimentos?, etcétera.
Otra actividad posible consiste en realizar un comentario sobre el contenido de los diferentes apartados del texto antes de comenzar con la lectura, u orientar a los alumnos para que lean los títulos de los apartados y que puedan anticipar el contenido de dichos apartados. Esta práctica constituye una buena estrategia prelectora.
- Aclarar la finalidad de la lectura
Como es sabido, existen distintos tipos de lectura, y cada una con su propia finalidad, objetivos, estrategias y modos, por lo que no tiene sentido pensar en una única regla sobre cómo se debe leer.
Se pueden utilizar estrategias para buscar una idea global del texto, una información determinada, contrastar una suposición o identificar ideas principales. De hecho, no se lee el periódico con la misma meticulosidad que la que se utiliza para comprender las reglas de un juego o un texto instruccional.
Un buen lector es aquel que maneja diferentes estrategias de lectura según los distintos objetivos que se propone.
De ahí que lo que puede enseñar el docente es el hacerse preguntas acerca del para qué de la lectura.