Los fundamentos que no pueden faltar
Como se ha señalado en diversas oportunidades, la
educación tiene la posibilidad y el compromiso social
de generar algún cambio porque es un instrumento
privilegiado para fomentar el desarrollo de actitudes orientadas
al logro de un mundo más justo y solidario. El aula
y la escuela son, en este sentido, un ámbito ideal
para la enseñanza de valores.
Es oportuno diferenciar dos expresiones que utilizamos
corrientemente. Educación en valores y enseñanza
de valores. Esta disquisición semántica intenta
diferenciar dos aspectos que se relacionan entre sí
pero que valdría la pena distinguir.
Educar en valores se refiere a los valores que se
vivencian en la escuela, a las actitudes que los docentes
asumimos frente a los alumnos, frente a los hechos y a las
situaciones que se atraviesan en la escuela, a los mensajes
que como educadores ofrecemos y que obviamente estamos enseñando.
Es lo que técnicamente podríamos decir que
forma parte del currículo oculto de la escuela.
La enseñanza
de valores -que no puede pensarse sin un clima institucional
que promueva la formación de valores- se refiere
a las estrategias que implementamos para promover cambios
de actitudes en nuestros alumnos de manera intencional.
En el presente número de Página Educativa
vamos a referirnos a la enseñanza de valores en la
escuela. Es decir, a las acciones que deliberadamente planeamos
para abordar determinadas temáticas que consideramos
contenidos de enseñanza.
Estas acciones didácticas pueden asumir varios formatos:
talleres, proyectos, espacios institucionales, etc., y presuponen
la implementación de diferentes técnicas.
Entre las técnicas específicas para la enseñanza
de valores se encuentran las siguientes:
Para formar individuos
capaces de identificar y vivir de acuerdo con los valores
que universalmente reconocemos como deseables, es necesario
diseñar estrategias didácticas adecuadas para
ayudar a que los chicos se orienten ante situaciones que
plantean conflictos de valores; formar actitudes desde una
posición progresivamente autónoma, y aplicar
las normas de convivencia acordadas grupalmente.
¿Por dónde empezar?
Cuando el docente planifica, es deseable que pueda generar
y promover situaciones acordes con la edad, con los intereses
y consecuentemente con los conflictos que atraviesan los
chicos de 7 a 9 años. Es fundamental que, en función
de las acciones didácticas que se implementen en
el aula, se logre:
Existen varias técnicas e instrumentos de evaluación.
Es importante que el instrumento provea la información
que el docente desea obtener. Entre las técnicas
específicas para la evaluación de actitudes
se encuentran la observación, la autoevaluación
y la evaluación entre pares.